Quousque tandem, Catilina?
II Imparable avance republicano 264 aC al 44aC
A petición de Leny hoy voy a intentar indagar sobre la personalidad de Lucio Sergio Catilina. Le tocó vivir en uno de los periodos más convulsos –pero paradójicamente uno de los más ricos históricamente– de Roma, entre las guerras de civiles de Mario contra Sila y las de César contra Pompeyo.
Un periodo donde se dieron las mentes más preclaras de la historia. Patricios de familias venidas a menos que supieron llegar a la fama, tales como César o Sila; plebeyos que a pesar de los impedimentos aristocráticos lograron alcanzar lo más alto, como Mario o Pompeyo; aristócratas ricos que supieron mantenerse –si difícil es subir más complicado es mantenerse– como los Cecilio Metelo; cultos retóricos que utilizaron la fuerza de la palabra, tal es el caso de Cicerón; o valerosos generales que utilizaron la de la espada, como Sertorio. Y Catilina no se encontraba en ninguna de estas categorías.
Y tuvo su gran oportunidad, pues su condición de aristócrata arruinado le posicionó o junto a Lucio Cornelio Sila en su guerra civil contra Mario. Un periodo de batallas y proscripciones entre hermanos que se saldó con la victoria de Sila y con Catilina, años más tarde, como gobernador de Africa. Sin embargo, mientras otros aliados prosperaron, como los Metelo, Marco Licinio Craso o Cneo Pompeyo, Lucio Sergio Catilina se implicó en casos de corrupción y mala administración en su provincia. Un hecho, que por otro lado era normal, pero que una república en crisis intentaba coartar cuando veía que el acusado no tenía el poder para frenarla.
Así, Catilina llevó siempre esa cruz. Una pesada losa que le impedía acceder al preciado cargo de cónsul. Llegados a este punto, su famosa conjuración, ¿fue mero fruto de la impotencia al no poder acceder a las altas esferas del poder? O realmente, ¿pensaba imponer un gobierno de aristócratas que desbancara a los plebeyos ricos que con sus fortunas estaban comprando las magistraturas a su antojo? Intereses personales o ideología definida
No lo sé. Lo que está claro es que su conjura tenía visos de fracaso desde un principio. Sin un respaldo superior –se dice que Craso, e incluso César, estaban implicados, pero si fue cierto, nunca dieron la cara– y con un músculo de seguidores muy débil –jóvenes aristócratas en Roma y poblaciones galas en la Toscana–, la aventura se empotró contra una República aún con fuerzas para parar conjuras.
En definitiva, sin una gran inteligencia personal ni el apoyo necesario, Catilina fracasó en su intento de asesinato sobre Cicerón y en su autoproclamación como cónsul. Sin embargo, no vanalicemos las cosas, muchos peleles han dado golpes de Estado sin visos de éxito y luego han gobernado con mano dura durante muchos años.
¿Por qué la fama de Catilina? Lucio Sergio se convirtió en la diana de los dardos más afilados de la época, los del cónsul Cicerón, que le dedicó sus excelentes catilinarias; y frases de la talla como o tempora! O mores! –O tiempos! o costumbres!, con esas palabras lo recibió cuando Catilina tuvo la desfachatez de presentarse en el Senado tras intentar asesinarlo la noche antes– y Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?– ¿Hasta cuándo, Catilina, vas a seguir abusando de nuestra paciencia?, palabras incendiarias con las que le atacó en la Curia–.
Catilina se suicidó cuando sus ejércitos sucumbieron ante la República, pero su figura pasó a la historia para convertirse en ejemplo de tiranía, muy utilizado por el Senado cada vez que intentaba acusar la arbitrariedad de un Emperador.
Y es que, paradójicamente su conjura precedió a lo que pocos años después sucedió, el final de la República. Una República con sus bases debilitadas, incapaz de sostener las luchas entre patricios y plebeyos; de frenar las ambiciones personales; y de hacer llegar la ley a unos dominios cada vez más vastos.
Sois vosotros los que tenéis que juzgar a Catilina, en una época actual donde a más de uno se nos puede aparecer en alguna de las figuras que campean por el escenario político mundial. ¿Hasta cuando Catilinas? Quousque tandem, Catilinas?…
A petición de Leny hoy voy a intentar indagar sobre la personalidad de Lucio Sergio Catilina. Le tocó vivir en uno de los periodos más convulsos –pero paradójicamente uno de los más ricos históricamente– de Roma, entre las guerras de civiles de Mario contra Sila y las de César contra Pompeyo.
Un periodo donde se dieron las mentes más preclaras de la historia. Patricios de familias venidas a menos que supieron llegar a la fama, tales como César o Sila; plebeyos que a pesar de los impedimentos aristocráticos lograron alcanzar lo más alto, como Mario o Pompeyo; aristócratas ricos que supieron mantenerse –si difícil es subir más complicado es mantenerse– como los Cecilio Metelo; cultos retóricos que utilizaron la fuerza de la palabra, tal es el caso de Cicerón; o valerosos generales que utilizaron la de la espada, como Sertorio. Y Catilina no se encontraba en ninguna de estas categorías.
Y tuvo su gran oportunidad, pues su condición de aristócrata arruinado le posicionó o junto a Lucio Cornelio Sila en su guerra civil contra Mario. Un periodo de batallas y proscripciones entre hermanos que se saldó con la victoria de Sila y con Catilina, años más tarde, como gobernador de Africa. Sin embargo, mientras otros aliados prosperaron, como los Metelo, Marco Licinio Craso o Cneo Pompeyo, Lucio Sergio Catilina se implicó en casos de corrupción y mala administración en su provincia. Un hecho, que por otro lado era normal, pero que una república en crisis intentaba coartar cuando veía que el acusado no tenía el poder para frenarla.
Así, Catilina llevó siempre esa cruz. Una pesada losa que le impedía acceder al preciado cargo de cónsul. Llegados a este punto, su famosa conjuración, ¿fue mero fruto de la impotencia al no poder acceder a las altas esferas del poder? O realmente, ¿pensaba imponer un gobierno de aristócratas que desbancara a los plebeyos ricos que con sus fortunas estaban comprando las magistraturas a su antojo? Intereses personales o ideología definida
No lo sé. Lo que está claro es que su conjura tenía visos de fracaso desde un principio. Sin un respaldo superior –se dice que Craso, e incluso César, estaban implicados, pero si fue cierto, nunca dieron la cara– y con un músculo de seguidores muy débil –jóvenes aristócratas en Roma y poblaciones galas en la Toscana–, la aventura se empotró contra una República aún con fuerzas para parar conjuras.
En definitiva, sin una gran inteligencia personal ni el apoyo necesario, Catilina fracasó en su intento de asesinato sobre Cicerón y en su autoproclamación como cónsul. Sin embargo, no vanalicemos las cosas, muchos peleles han dado golpes de Estado sin visos de éxito y luego han gobernado con mano dura durante muchos años.
¿Por qué la fama de Catilina? Lucio Sergio se convirtió en la diana de los dardos más afilados de la época, los del cónsul Cicerón, que le dedicó sus excelentes catilinarias; y frases de la talla como o tempora! O mores! –O tiempos! o costumbres!, con esas palabras lo recibió cuando Catilina tuvo la desfachatez de presentarse en el Senado tras intentar asesinarlo la noche antes– y Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?– ¿Hasta cuándo, Catilina, vas a seguir abusando de nuestra paciencia?, palabras incendiarias con las que le atacó en la Curia–.
Catilina se suicidó cuando sus ejércitos sucumbieron ante la República, pero su figura pasó a la historia para convertirse en ejemplo de tiranía, muy utilizado por el Senado cada vez que intentaba acusar la arbitrariedad de un Emperador.
Y es que, paradójicamente su conjura precedió a lo que pocos años después sucedió, el final de la República. Una República con sus bases debilitadas, incapaz de sostener las luchas entre patricios y plebeyos; de frenar las ambiciones personales; y de hacer llegar la ley a unos dominios cada vez más vastos.
Sois vosotros los que tenéis que juzgar a Catilina, en una época actual donde a más de uno se nos puede aparecer en alguna de las figuras que campean por el escenario político mundial. ¿Hasta cuando Catilinas? Quousque tandem, Catilinas?…
