Un apóstata entre cristianos
Pleione se ha decantado, entre la larga lista de emperadores qué dio Roma , por Juliano el Apóstata. Sin duda no forma parte de los, por decirlo de alguna manera, conocidos, como Trajano, Nerón, Adriano o Constantino, pero su vida tuvo un mérito tremendo, pues si de genios es aumentar la gloria de un Estado en alza, más aún lo es mantener sus bases en momentos de recesión. Y hablo de recesión y no de crisis o debacle, porque no creo que en los años en los que le tocó vivir (331-363 d.C.) ningún ciudadano romano pensara que el Imperio se vendría alguna vez abajo. Está claro que ahora lo vemos de otra manera, pero lanzo esta pregunta: ¿qué Imperio, si fuera débil, sería capaz de llegar a la capital y hacer temblar al enemigo más fuerte en esa fecha, Persia? Voy a intentar dividir en tres mis comentarios para que conozcáis un poco más a Flavio Claudio Juliano. Primero, el contexto histórico que le tocó vivir. Segundo, sus luchas contra persas y germanos. Y por último, la cuestión religiosa. En primer lugar, hay que decir que la batalla del Puente Milvio, con la que prácticamente finalizó la guerra entre Constantino y Majencio –año 312 d.C.– y el Edicto de Milán –tres años después– iniciaron un periodo nuevo en el Imperio, en el que el cristianismo asentó sus bases. En el primer caso con la aparición de la cruz antes de la batalla –la famosa frase “in hoc signo vinces” – y en el segundo, y más real, con el establecimiento de la libertad de culto para todas las religiones del Imperio. En el aspecto político, Constantino continuó a su manera la política de Diocleciano, para mantener las estructuras del Imperio a salvo. Pero a su muerte, sucedió lo que tanto daño le hizo a Roma a lo largo de su historia, la ambición por el poder. No se si fue buena idea, pero Constantino era de los que pensaba que el vasto Imperio debía ser gobernado por más de un hombre. Por ello dividió el poder en sus tres hijos, nombrados Césares, y se repartieron las provincias. Sin embargo, a la muerte de Constantino, los hijos se enzarzaron en guerras civiles por el poder. Constantino II murió pronto en Aquilea y Constante se quedó con todo el occidente. Era un enamorado de los jóvenes germanos y del lujo y la pompa. Un militar con dotes burócratas y con el sentido del rigor, el germano Magno Magnencio, acabó , tras un golpe de Estado, con Constante a los 10 años de su llegada al poder. Quedaba sólo Constancio II, que desde su trono en Constantinopla a duras penas se había entendido con su hermano y que lidiaba contra el rey persa Sapor II una guerra sin vencedor claro. A ninguno de los dos se le puede considerar un personaje inoperante , pero si les faltaba la pizca necesaria de talento para sobresalir ante el otro. Con Magnencio en el poder, Constancio se vio obligado a salvaguardar el honor familiar, y de paso, hacerse con todo el Imperio. Y lo hizo. Sus tropas vencieron a las del germano, que se suicidó. Así estaban las cosas cuando Juliano, en el 355 d.C., entra en la escena político/militar. Pueblos germanos habían atravesado el Rhin aprovechando la inestabilidad romana, y Constancio II nombró a su primo Juliano como César, para, como primera misión, rechazar los ataques germanos. Pero no se fiaba mucho de él. E hizo bien, pues sus tropas no aceptaron marchar a Persia para reforzar a Constancio. Juliano, al que poco le unía con el emperador, marchó hacia Constantinopla para luchar contra su primo. No hizo falta. Constancio II murió en el 361 d.C. Flavio Claudio Juliano era el dueño del mundo. Con los germanos tranquilos, Juliano intentó llegar al Golfo Pérsico. Seguir los pasos de Alejandro Magno y Trajano. Pero no era ni el uno ni el otro. Aún así, era muy superior a Sapor II. Llegó a Ctesifonte, la capital persa, pero no la tomó. Detrás, quedaban vastas extensiones de territorio quemado y comunicaciones inutilizadas por parte de la población persa, para que el suministro romano con las ciudades mesopotámicas del Imperio no fuera fluida. Y como Trajano, decidió retroceder. Con la mala suerte de que en una de las muchas escaramuzas una flecha acabó con su vida. Fue quizá la última vez que un emperador vio Ctesifonte. En el tema religioso, Juliano el apóstata –apodado así por los historiadores cristianos posteriores– sorprendió a todos. ¿Qué le llevó a abrazar el paganismo en un momento en el que las bases cristianas eran ya firmes?. Me gustaría entenderlo desde un punto de vista pragmático, el fin primero que presidió todas las acciones de los gobernantes romanos desde Numa a Romulo Augústulo. Pero no lo veo claro. El cristianismo era ya dominante en el Occidente y un gran número de ataques de sus seguidores contra paganos y donatistas se habían producido desde Constantino. En el Oriente el arrianismo de Constancio II era predominante. ¿Porqué volver al paganismo? Puede parecer que la dura infancia y crecimiento de Juliano en las estrictas enseñanzas cristianas y arrianas; y el hecho de que los hijos de Constantino, seguidores de estas religiones, no fueran precisamente, muy “humanos”, fueran el detonante que le llevaron a acoger el paganismo. Pero lo dudo. Y más viendo que, a su muerte, y a pesar de sus dotes, pocos se entristecieron con su muerte.
